Cirugía oncológica hepática (hepatectomías parciales y resecciones ampliadas) con abordaje mínimamente invasivo cuando es posible, respaldada por formación en SOLCA y entrenamiento internacional en cirugía hepatobiliopancreática.
Agenda tu valoraciónLa detección temprana mejora significativamente el pronóstico
Se recomienda evaluación temprana ante estos síntomas, especialmente con antecedentes de hepatitis B o C, cirrosis hepática o consumo crónico de alcohol.
Pacientes que transformaron su salud
"Desde el diagnóstico hasta la cirugía, el Dr. Luis y su equipo nos explicaron cada paso con calma y claridad. Eso marcó una gran diferencia para toda mi familia."
"Me explicaron que podían preservar el esfínter en mi caso, algo que me preocupaba muchísimo. La cirugía robótica y la recuperación fueron mejores de lo esperado."
"Sentí que estaba en manos de un equipo que realmente trabaja en conjunto con oncología. Eso me dio mucha tranquilidad en un momento difícil."
El tumor de hígado puede ser primario, cuando se origina en las propias células del hígado (el tipo más frecuente es el carcinoma hepatocelular), o secundario (metastásico), cuando proviene de un cáncer originado en otro órgano, como colon, páncreas o mama, que se disemina al hígado.
Entre los factores de riesgo del cáncer hepático primario están la infección crónica por hepatitis B o C, la cirrosis hepática (de cualquier causa), el consumo elevado y prolongado de alcohol, el hígado graso no alcohólico y la exposición a ciertas toxinas, como las aflatoxinas presentes en alimentos contaminados.
En cuanto a los antecedentes familiares, tener un familiar de primer grado con hepatitis crónica, cirrosis o cáncer de hígado puede aumentar el riesgo, especialmente cuando existe hepatitis B transmitida de madre a hijo. Por eso, en pacientes con antecedentes de enfermedad hepática crónica se recomienda un seguimiento periódico.
El diagnóstico habitualmente combina evaluación clínica, estudios de imagen (ecografía, tomografía o resonancia magnética), marcadores tumorales como la alfafetoproteína y, si es necesario, una biopsia hepática. El tratamiento depende del tamaño, número y ubicación de los tumores, así como de la función hepática, e incluye opciones como la resección quirúrgica (hepatectomía), ablación, quimioembolización, terapias dirigidas o, en casos seleccionados, trasplante hepático.
El pronóstico del tumor de hígado depende en gran medida de una detección temprana, del tamaño y número de las lesiones, de la reserva funcional del hígado y del estado general del paciente. Por eso, el seguimiento periódico en personas con hepatitis crónica o cirrosis, junto con una valoración médica individualizada por un equipo multidisciplinario, es indispensable para conocer el panorama real de cada caso.